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Reportaje publicado en la revista Todo en Domingo (10 de enero 2010)


Sí, existen y cada vez están más en boga. Son especialistas que se dedican a orientar a otros para lograr lo mejor de sí mismos en distintos ámbitos de la vida. Y si inicialmente comenzaron en los deportes y en el ámbito empresarial, ahora también hay quienes se dedican a orientar a otras personas a la hora de un deseado cambio en su existencia

¿Quién no ha soñado alguna vez con tener a mano a un gurú –o algún sucedáneo de la bola de cristal- para consultar a la hora de tomar una decisión importante? Sin pretender ser como esos seres iluminados que suele mostrar la literatura o el cine, existen ahora profesionales que pueden cumplir tan añorada función orientadora en situaciones cruciales de la vida. Se les llama coaches. Lógicamente, la primera imagen que viene a la mente cuando se habla de coach es la de un señor de mediana edad, vestido con ropa deportiva, que no deja de mover los brazos y sonar frenéticamente un pito. Y esto, como casi todo en la vida, tiene un porqué.
“El término coaching estaba asociado inicialmente al deporte, pero hace ya más de 20 años que se trasladó a ámbitos diferentes”, explica Yannick Rivière sobre su profesión, que es la de asesorar a quien requiera de sus servicios, para alcanzar una meta, lograr un cambio positivo o resolver un problema en un momento específico de su vida.
Cuentan quienes se dedican a esto, que su oficio –sin ser del todo nuevo, porque de tutores o consejeros se tienen referencias muy antiguas- se fue transformando en lo que es ahora desde que a finales de la década de los años 70 en Estados Unidos, los altos cargos gerenciales comenzaron a recibir asesorías individuales para momentos cruciales de sus carreras. Con la especialización de estos asesores, las ramas del coaching se fueron extendiendo y ahora abarcan desde lo gerencial hasta lo personal. Esta asesorías se caracterizan porque se realizan en un número determinado de sesiones y mediante el planteamiento de objetivos a corto o mediano plazo.

Ni maestros ni amigos

Tener a un coach como el señor Miyagi de Karate Kid o el gran maestro Yoda de La Guerra de las Galaxias sería lo ideal para muchos. Si no fueran personajes de ficción, claro. Pero si bien un experto en una determinada área puede aconsejar y acompañar a un aprendiz, como es el caso de muchos coaches deportivos que acompañan a un equipo a un individuo en su reparación física y mental, o a pesar de que hay locutores que hacen coaching de voz y actores veteranos que hacen coaching de actuación, lo cierto es que la especialización no es una condición para ser coach.
“Nosotros no somos especialistas en cada una de las áreas a las que se dedican las personas a las que asesoramos, pero tenemos herramientas para ayudarlas a que ellas mismas encuentren sus respuestas”, explica Rivière. Aunque si de buenos consejeros se trata, casi todo el mundo podría acordarse no sólo de los de las películas, sino de algún familiar o amigo en particular.
Y en incontables momentos lo son, eso es innegable, pero por su naturaleza, siempre les faltará algo que los coaches conside ran esencial: la objetividad. “La idea en coaching es permitir a la gente tener otra percepción, dejarle ver que hay otros caminos u otras salidas sin la carga emocional que puede tener un ser querido. Además, por tratarse de una relación profesional, cuentas con garantías de confidencialidad que no puedes exigirle a un compañero o a un familiar”, indica Rivière. “Es la mirada de un observador externo que te permite ver lo que tú no ves”, aclara Egberto Fernández, coach certificado de carrera y empleo.

Lejos del diván

“No sé qué hacer con mi vida” está entre una de las tantas premisas que puede llegar a escuchar un coach en su oficina durante la primera sesión. Si bien esto podría parecer el trabajo de un psicólogo, Rivière es contundente ante esta duda. “El coaching no tiene nada que ver con terapia. Nosotros trabajamos a corto o medio plazo, nunca a largo plazo. No indagamos en el pasado de la persona: trabajamos en su futuro. No buscamos explicaciones sino soluciones”, enuncia como un credo.
“Los coaches ayudamos a alguien que se enfrenta a un problema concreto. Aunque a veces esa persona tenga que pasar primero por el proceso de definir cuál es el verdadero problema.
Trabajamos sobre cosas que son muy prácticas y puntuales”, dice Rivière insistiendo en el sentido pragmático de su hacer. Aunque una persona puede presentarse ante un coach y decirle: “no soy feliz”, y aún así encontrar ayuda en su despacho. “Lo que se hace es indagar hasta descubrir qué cosas te molestan. Porque no todo en tu vida te va a desagradar. Lo que ocurre muy a menudo es que las personas no tienen una idea precisa de lo que está molestando y por eso creen que deben cambiarlo todo”, explica.
“Ni hago recomendaciones, ni hago terapia”, recalca Fernández, quien asegura que es a través de preguntas, lecturas, tests, entre otras herramientas, consigue que sus clientes encuentren por sí mismos las claves para tomar las decisiones más acertadas.
Aunque no realizan diagnósticos, pues no se trata de profesionales de la salud, y se ocupan de diferenciarse bien de ellos, un coach puede detectar, por ejemplo, un caso de depresión o ansiedad, e indicar a su cliente a quién debe consultar, si es a un profesional de la psicología o la psiquiatría. Además, dependiendo de su especialización, pero muy a menudo en el llamado
coaching de vida, estos asesores pueden valerse de herramientas como la programación neuro-lingüística, el manejo de la inteligencia emocional y de la sofrología, así como de otras técnicas y estrategias inspiradas o derivadas de áreas como la psicología y la sociología, para ayudar a sus clientes.

¿Quién necesita un coach?

“Cualquier persona en cualquier momento de su vida puede necesitar un coach”, dice Yannick. Por su parte, Fernández contesta también a esta pregunta con una respuesta sencilla: cualquiera que tenga un reto que no puede manejar puede aprovechar los servicios de un coach. El tipo y las herramientas de la asesoría dependerán del objetivo que se quiera alcanzar. “Hay personas que llegan a altos cargos ejecutivos pero no tienen experiencia con las relaciones interpersonales, con el manejo de conflictos, por ejemplo”, dice Fernández.
En estos casos suelen ser las empresas las que se encargan de contratar la asesoría, cuya principal característica es ser personalizada.

Como coach de carrera, Fernández destaca que así como hace unas décadas la situación laboral era más estable, y una persona solía dedicarse toda la vida a lo mismo aunque cambiara de lugar de trabajo, actualmente en el mundo hay mucha inestabilidad e incertidumbre. Por eso destaca su labor como ayuda en el “mantenimiento preventivo” de carreras. “En tiempos como estos, la gente tiene que identificar sus talentos, conocer todos sus intereses –de un hobby puede salir una carrera- y también sus valores, las cosas que realmente le importan”, dice el experto. “Un coach puede ayudar a una persona a conectarse con su propósito de vida. Porque esto es algo que por cuenta propia no es muy fácil de digerir. Preguntarse a sí mismo y descubrir a qué se quiere dedicar, cómo quiere ser recordado, cuál quiere que sea su legado. Un coach puede hacer que su cliente se conecte con su propósito, con su misión”.
Solo quien ha tenido un coaching al lado podrá certificar sus bondades, pero Riviére no teme asegurar que el coaching no le da a una persona la felicidad pero sí le permite encontrar su propia definición de felicidad. Sin dejar de ser realista, no deja de ser una atractiva promesa.

Angela Feijoo





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