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Volver con entusiasmos

Reportaje publicado en Todo en Domingo (4 de septiembre de 2011)


Para muchos, estas fechas indican el fin de las vacaciones y, por lo tanto, el regreso a la rutina. Acá, varios expertos hacen sus recomendaciones para que la transición del relax a las obligaciones sea lo más feliz posible y, más aún, que se conserven los efectos del descanso tomado.

Algunos parecen escuchar la célebre marcha fúnebre de Chopin cuando ven en el calendario que se acerca la fecha de su regreso al trabajo. Otros llegan a su puesto con la arena en los pies, pero parecen más estresados que cuando se fueron. "Todo depende de la actitud que cada quien tenga hacia esa rutina a la que regresa", advierte Marisol Pulgar, psicóloga MBA y consultora en Desarrollo de Bienestar Personal y Organizacional.

"Cuando la persona trabaja o va a la universidad, tiene un objetivo, que se supone que eligió y quiere cumplir. Las vacaciones son para descansar y recargar las pilas.

Son un alto para volver a lo que se supone que te gusta hacer". Por eso aconseja detenerse a pensar qué es lo que causa la angustia: ¿Es el trabajo en sí mismo o lo que representa? ¿Es la falta de tiempo, el tráfico o los preparativos para poner todo en marcha los que causan el estrés? "En general, el final de las vacaciones es realmente un problema para aquellos que ya tenían conflictos en el trabajo antes de salir de vacaciones.

Las personas que disfrutan en su empresa y se sienten cómodas en la oficina son más adaptables al final de las vacaciones y a la hora de reincorporarse", asegura Yannick Riviere, coach certificado y director de Caracas Coaching. Por eso Pulgar insiste en la conveniencia de identificar la fuente de la angustia: "No puedes luchar contra algo que no sabes qué es".


Plan de retorno. Hay quienes prefieren la espontaneidad y les funciona. Pero los expertos insisten en que si la improvisación no trae buenos resultados, hay que usar el sentido común y sentarse a planear. Pulgar asegura que cada quien, de acuerdo a sus experiencias, sabe qué le sirve y qué no. "Lo que hay que hacer es planificar lo que se necesita para el regreso, preguntarse a sí mismo cómo se sentirá más cómodo, cuánto tiempo necesitará para hacer lo que haga falta para reincorporarse con tranquilidad", aconseja.

Para los expertos en el manejo del estrés, la clave es convertir la angustia ­esa que comprende peregrinar por cuatro librerías hasta conseguir todos los textos escolares de los hijos, o enfrentarse nuevamente al trajín de las mañanas aderezadas con loncheras y tráfico­ en fortaleza para obtener más logros. ¿Y cómo se produce ese milagro? Pulgar asegura que viviendo el presente, teniendo una visión más optimista y tomando las previsiones del caso. Si tiene que hacer una cola muy larga para comprar los útiles escolares porque no tenía la lista o no tuvo el tiempo para hacerlo anteriormente, aproveche el momento para conocer y hablar con otras personas, no le añada más angustia, porque al fin y al cabo usted necesita comprar esos artículos. Y si sabe que los niños, quienes no suelen encontrar nada de diversión en las esperas, pueden llegar a ser un factor más de estrés en esas diligencias, tal vez cabe considerar si es conveniente llevarlos o no.

Dependiendo de las circunstancias de cada quien, habrá que hacer ajustes: algunos tendrán que empezar a acostarse más temprano para regular el horario y no pelearse con el despertador el día del regreso, mientras que otros necesitarán revisar los correos electrónicos del trabajo un día antes de empezar para saber a qué atenerse y así bajar sus propios niveles de ansiedad.

"Volver a su casa un par de días antes de comenzar el trabajo le puede ayudar a habituarse nuevamente a la rutina, ya que si, por ejemplo, regresa un día domingo y debe trabajar el lunes, le será muy difícil despertarse temprano al día siguiente, debido al cambio radical. Si vuelve de vacaciones dos o tres días antes de reincorporarse, ya estará acostumbrado al cambio", aconseja Riviere.

Para los expertos, lo esencial es construirse una base de recursos propios para lidiar con momentos difíciles. Pulgar asegura que una de las formas es aprender a respirar, pues se sabe que con el conocimiento de algunas sencillas técnicas, es más fácil controlar el estrés. Hay quienes, precisamente, evocan los recuerdos de las vacaciones, pero no para despecharse, sino para sentirse mejor.

Enfocarse en lo bueno. La cola en la autopista, que la tarjeta de crédito no pase, los retrasos en los vuelos, la pérdida de las maletas. Todo eso puede ocurrir en un viaje, pero en cada quien está la decisión de darle más peso que al disfrute o simplemente su justa importancia. "Todo túnel al final tiene una luz. Las personas más optimistas, sin dejar de ser realistas, se basan en las oportunidades y en las posibilidades que hay en cada ocasión", apunta Pulgar, quien asegura que siempre conviene dar gracias por lo que se tiene y preocuparse menos por lo que se no se tiene. "Uno mismo es quien se da cuerda. De afuera no viene la satisfacción". Desde su perspectiva de coach, Rivie- re encuentra útil recordar que volver a la oficina es la oportunidad de reunirse con amigos y colegas. "Usted estará encantado de saber lo que hicieron mientras estaba de vacaciones.

¡Comparta sus fotos!" Riviere subraya que esta ansiedad es sólo temporal y que antes de que se dé cuenta, estará más acostumbrado que nunca a la jornada de trabajo. "Es cuestión de aceptar las cosas que se han elegido, con su lado positivo y el que le gusta menos (horarios, fechas de entrega, etc)", insiste Pulgar, quien ofrece la receta para mantener el sabor a vacación: "Hay que hacer muchas cosas que se disfruten, y traerlas continuamente a nuestra mente, usándolas para relajarse y compartirlas, y en vez de decir: `qué malo que ya se acabaron’, pensar que cada día que pasa, falta menos para las del año que viene".

Ángela Feijoo







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